
Yo he visto cosas que vosotros humanos
no creeríais. He visto a mi mejor amigo quedarse sin voz en un
ensayo de Impromptu después de tocar la guitarra y cantar Move on
de Jet y descojonarse acto seguido mientras decía: “Tío, això
no ho puc fer al concert!” y yo le convencía con poco éxito
pero él lo hacía, al día siguiente. También le he visto grabar
las baterías de un LP de depop sin saberse prácticamente ni una
canción. Y he visto al tío ahí, estupefacto y sin arrugarse,
trazar, dibujar e interpretar la batería de más de quince canciones
en un tiempo récord. Le he visto irse. Y le he visto en su salsa,
detrás de una batería, pero la salsa no era suya, era de otro que
no tenía salsa ni salero ni sangre. Y él no hacía más que querer
poder y creer en que lo que hacía era posible y bueno. Le he visto
salir de detrás de esa batería, dejando una silueta que le persigue
en cada paso que da como la fiel sombra de Peter Pan, para cruzar un
mar estrecho que desembocaba en un océano de tiempo y cosas por
hacer. Y va el cabrón y las hace, y sin querer o queriendo nos da un
repaso a todos del “Life and how to live it”. Le he visto coger
la guitarra de nuevo, y convencido de voz y madera y espíritu se ha
plantado ante mí -ante nosotros, humanos- y nos ha mostrado cosas
que están reservadas a los grandes. Le veo -no le he visto-
encerrado en su apartamento de las islas con la tabla de surf aún
mojada reposando en la pared, revisando una y otra vez esa parte
indescriptible de The Writer, y volviéndose loco, por que no
hay para menos. O decidiendo que ese verso de Luca, my grey es
muy duro, muy intenso y todo lo que tú quieras, pero que la canción
sin eso se irá a la mierda. Y luego le he visto hoy tocando en el
bar de toda la vida -el rey ha muerto, viva el rey- y he pensado que
yo he visto cosas que vosotros humanos no creeríais.
Nunca he sido un gran fan de Terrence Malick. Vi Badlands hace mucho tiempo y recuerdo que me gustó, pero tan sólo recuerdo la sensación. Tras Badlands vi no hace mucho Días del Cielo, y me pareció un peñazo insufrible. Hace unos días vi El árbol de la vida y me pareció una película muy muy buena. Cargándose todos los cánones de ritmo y estructura Malick nos explica, en esencia, la historia de la vida, su origen y desarrollo, y cómo la evolución nos ha hecho plantearnos las grandes preguntas de la historia. Todo esto sirviéndose como hilo argumental de una familia de Texas, encabezada por un enorme Brad Pitt – ¿caracterizado a lo Marlon Brando en El Padrino, quizás?- en el papel de un padre severo e inflexible, eterno candidato al campeón absoluto del American Way of Life. Le acompaña como su esposa una bellísima y delicada Jessica Chastain, aportando la sensibilidad y dulzura de la que carece su marido. Sus hijos irán descubriendo poco a poco como la maldad y la bondad, representadas por el padre y la madre respectivamente van forjando su carácter. A través de los ojos de un niño Malick consigue asombrarnos con la presentación de los conflictos internos a los que supongo se enfrenta todo ser humano en algún momento de su vida –“¿Por qué soy bueno? ¿Por qué soy malo? ¿De dónde procede mi capacidad para causar dolor a los demás?”- muy filosóficos todos ellos, en ocasiones demasiado profundos hasta para los espectadores más tolerantes. Tratada visualmente con una factura llena de poesía y color, El árbol de la vida es tan peñazo como Días del Cielo y tan novedosa en el tratamiento de sus temas, personajes y ritmo –lento, lento- como lo pueda ser la mejor peli de Malick –posiblemente ésta misma. Eso sí, para amantes del cine, abiertos de mente y vacíos de prejuicios y que tengan más paciencia que un santo.


Parecía que el hecho de que Trueba se juntara con Mariscal para llevar a cabo un proyecto como el de Chico y Rita iba a hacer levantar el vuelo del primero, ni que fuera por la curiosidad que semejante tándem podía despertar al espectador. Nada más lejos. Con los primeros 20 minutos de película ya queda claro que no habrá ni giros argumentales sorprendentes, ni la puesta en escena a través de las animaciones dibujadas por Mariscal esconde nada nuevo. Lejos de ello, Chico y Rita aburre, aburre y aburre. Gracias a una historia más que sobada, que recurre una y otra vez a una visión de La Habana tan vital, divertida y colorista, que sólo hace que aportar más falsedad a la historia, uno no podía hacer otra cosa que fijarse en la más que correcta BSO escrita por Bebo Valdés. Lo único que se salva de la peli. Pillaros la BSO y olvidaos de Chico y Rita.



Estirado junto a mi nena, en la piscina o en la playa, bebiendo una Coke Deluxe y comiendo un pepiníllez.
